jueves, 8 de noviembre de 2007

A Córdoba

Veinte años después
has vuelto a la ciudad que amas
y, entre tantas confusas sensaciones,
pretendes acercarte paseando
hasta la puerta del amor perdido.
¿Perdido o soñado?

Como un furtivo vas pisando sombras
en estrechas callejas.
Temes quizá que alguien reconozca
en este cuerpo cansado de ahora,
en estos ojos cansados de ahora,
aquel claro fulgor de tus dieciséis años.
Caminas y te esfuerzas
en recordar perfumes de los patios,
en reavivar colores de los muros.
Mas sigues avanzando y de todo
-árboles, plantas, rejas, celosías-
ruidosamente van precipitándose
las máscaras del sueño.

Tu voluntad te arrastra hacia el pasado
pero tus pies no hacen otra cosa
que llevarte a través de las callejas
de una ciudad que nunca contemplaste,
que recorrer una ciudad soñada.

Sonámbulo, das vueltas, te extravías.
Sabes perfectamente, que existe aquella puerta
del pleno y puro amor adolescente,
mas ya nunca podrás reconocerla,
nunca más la abrirás
para vivir cuanto entonces viviste.

Antonio Colinas (Jardín de Orfeo, 1988)

1 comentario:

viridiana dijo...

poco más se puede decir... besos